CÁCERES EN 1970 – EXPOSICIÓN FOTOGRÁFICA

Pedro Emilio López Calvelo

La ciudad de Cáceres tenía en 1970 56.064 habitantes: era una ciudad pequeña y provinciana, era una “ciudad feliz”. 

La extensión territorial que ocupaba la ciudad, si la comparamos con la actual, era pequeña; cuando se edifica el hoy IES Norba Caesarina se hace casi en uno de los extremos del espacio hasta entonces construido: el Rodeo -si bien estaba proyectada su conversión en Parque desde hacía tiempo- era aún el lugar de celebración de los mercados de ganado en épocas de ferias; la estación de autobuses -en el espacio del actual Edificio Europa, frente al Hotel Extremadura- marcaba el límite de la ciudad por la salida hacia Salamanca; la cruz de los caídos era prolongada por pocos edificios y almacenes hacia las avenidas de Antonio Hurtado y Alemania. Hacia el norte, más allá del barrio de San Blas, los primeros edificios de la barriada de Pinilla y el edificio de la cárcel antigua marcaban los últimos límites urbanos. La avenida de Hernán Cortés era la vía de circunvalación perimetral que evitaba, a los vehículos que venían de Mérida o Sevilla en dirección a Madrid, tener que recorrer el centro de la ciudad por el paseo de Cánovas. 

En esos años, últimos del periodo franquista, la ciudad tenía su propia dinámica de crecimiento: estaba expectante ante la creación de un Centro Universitario, germen de la futura Universidad de Extremadura; Franco hizo su última visita a la ciudad en olor de multitudes; estaba a punto de inaugurarse un moderno complejo polideportivo (actual Serrano Macayo); en las instalaciones del antiguo instituto El Brocense -en el corazón de la parte antigua de la ciudad- se proyectaba un Colegio Menor Femenino; la Plaza Mayor experimentaba una de sus numerosas remodelaciones que la despojaría definitivamente de sus vetustos árboles; los primeros “bloques de pisos” en Cánovas (en el solar del antiguo Cine Norba, recién derribado, o en el cercano en cuyos bajos se instaló el cine Coliseum) traían a Cáceres la modernidad de la “gran ciudad”; el edificio de servicios Múltiples, aún en proyecto, ocuparía solares de antiguos talleres del Ayuntamiento; estaba a punto de inaugurarse el nuevo mercado de abastos (que sustituiría al que, durante mucho tiempo, ocupó el hoy Foro de los Balbos),… 

Y mientras, sus habitantes, desarrollaban sus vidas en la tranquilidad de una ciudad de provincias: paseaban por sus calles comerciales, participaban en sus fiestas y espectáculos taurinos, iban a las piscinas públicas a mitigar los rigores del calor cacereño, asistían a eventos deportivos y culturales, se inscribían en concursos musicales,…, y matriculaban, no sin dificultad, a sus hijas para que cursaran en el nuevo Instituto de Enseñanza Media Femenino que echaría a andar el día 30 de octubre de 1970

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